20.8.10

ROCK, la salvación.

Peter Capusotto está en el ranking de los libros más vendidos desde que salió a la venta. ¿Qué dice ese dato frío de un texto? Pues no mucho. Dema siada gente opina que ese pelotón de best-séllers, la mayoría de las veces, es pura chatarra que com pran precisamente quienes no compran libros habitualmente. De cualquier manera, son muchos más quienes los compran. Sin embargo, Peter Capusotto sigue otra lógica más particular. Incluso a pesar de la alta probabilidad de que haya sido pensado en una ofi cina como otro producto más que debía pertenecer a ese lote de ele gidos. ¿Por qué otra lógica? Por que Peter Capusotto es antes que un libro, un registro. Repárese en el hecho de su origen audiovisual. Primero en televisión, luego en radio y ahora en un libro, donde lo audiovisual no desaparece sino que está hiperpresente a través de ilustraciones a cargo de Alfonso Sierra y fotografías de Diego Ca pusotto interpretando en todas las páginas a cada uno de los perso najes que le valieron el aura que hacen de éste un libro necesario. Otra vez un pero. Más que un li bro, Peter Capusotto es un objeto. Uno poderoso y caprichoso, un fe tiche. De esos que sus propietarios creen que su naturaleza los hace merecedores de ser expuestos, guardados, y cada tanto revisados. No es que vaya a leerse como a un libro, porque –otra vez– Peter Ca­pusotto es un objeto, un registro. Su carácter necesario perdona que la locura infanticida punk de Violencia Rivas, la estupidez nar cicista de Pomelo, el glamour pop y nazi de Micky Vainilla, el "inglés de mierda" de Roberto Quenedi o la lírica política de Bombita Rodrí guez, el Palito Ortega montonero, ideados por Capusotto y Pedro Saborido, no se transmitan con la misma hilaridad que en las dos experiencias previas y siempre en construcción, la radial y –funda­mentalmente– la televisiva. Allí el absurdo cobra seriedad, en el cuerpo del actor.

El libro es otro soporte más de la obra multimedia Peter Capuso tto . En sí misma, un registro de algo más grande, algo que aquí no podrá develarse del todo. Pe ro, intentémoslo. Peter Capuso tto representa primero una dosis grande del humor que los argen tinos disfrutaron y reprodujeron durante los últimos años, con el tufillo sanamente político que el país recuperó después de la crisis
de 2001 y 2002. Del lugar desta cado que la discusión acerca de la década de 1970 –de la época previa al golpe (una discusión que abrió más Capusotto) y sobre la dicta dura específicamente– cobró en estos años. Otro registro de –más que la imposibilidad– la multipli cidad de posibilidades para expli car el peronismo. También, ¿por qué no?, de una lógica poco tele visiva –entonces relajada– en la televisión histérica de esta época; en la Argentina esquizofrénica de los tiempos y el éxito de YouTube. Todo eso, sin contar la reflexión intrínseca que supone sobre el ro ck en general –como un concepto vaciado por el mercantilismo con temporáneo– y sobre el rock na cional en particular, una entidad, a esta altura del partido, bastante más ininteligible.

Peter Capusotto es mucho más que humor, ya de por sí, "una cosa seria". Es el registro de los discur sos, de las ausencias; como la de la relación entre el rock argentino y el peronismo.

En
una entrevista reciente en AdnCultura, Ca pusotto señaló: "El programa es una necesidad de expresión muy importante(...). Del otro lado hay aliados, pares, gente para la que el programa también se ha converti do en algo curiosamente necesa rio". Valga este documento-objeto, también necesario, al menos para enseñar o coleccionar.

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